¡SE FORMÓ EL CHAPULEO! (Parte III)

V. Caceroladas

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Desde ese primer fin de semana, violento, con cientos de heridos y afectados por gases y contusiones, gente de todas las edades y sectores se fue sumando a las protestas. Las familias volvieron al Gezi Park, a los columpios, al césped y aunque el aire llegaba cargado de pimienta de zonas aledañas, el pueblo tomó Taksim.

Pasó el fin de semana y la gente volvió a sus trabajos, pero Taksim no se vació. El campamento del Gezi Park era hasta ayer todo un gran festival de conciertos, pancartas, bibliotecas, reuniones, talleres infantiles y fiesta. Sin embargo, en los barrios, los que están en casa y no pueden desplazarse  hacia el centro europeo de Estambul también dejan claro su posición, a su manera.

El primer día me sorprendió. No lo esperaba. A las 9:00 de la noche comenzó por todo el barrio un caceroleo colectivo. Se encienden y apagan las luces y en las ventanas y balcones, amas de casas, nietos, adolescentes, trabajadores, jóvenes y no tan jóvenes, sacan y golpean cacerolas y cacharros de todo tipo. Los primeros días duraban más… hasta ayer ya no tanto, pero no habían cesado y este sábado, tras saberse la noticia de que la policía desalojaba por la fuerza el Gezi Park, las cacerolas sonaron como nunca. Llevamos más de dos semanas de protestas y cada día a la misma hora se arma el bullangueo casuelístico, mientras los carros que pasan comienzan a pitar desorbitadamente.

tencereli_tavali_eylemUna amiga me cuenta que en su barrio la gente baja de sus casas y suena sus calderos en plena calle. En el mío no, lo hacen desde el balcón pero asomados todos, mirándose, riendo, aplaudiendo. En los primeros días, un señor de uno de los apartamentos de frente a mi terraza, evidente partidario del gobierno, se asomó protestando a los caceroleros, mandándoles a callar. Nadie le respondió, nadie le insultó. Algunos, por respeto, temor, o lo que fuere, entraron a sus casas, pero la gran mayoría siguió sonando sus cacharros como si con ellos no fuese, mientras el nieto, tratando de contener la risa, intentaba convencer al abuelo de dejar de meterse con los vecinos. Por fin lo logró y el señor debe haberse cansado de gritar pues no ha vuelto a intervenir.

Los cacerolazos se repiten cada noche y se van notando nuevas caras y manos dándole a la cazuela desde los balcones. Mientras escribía esto, un amigo me contaba que en Chile también estaba ocurriendo y otro que también en Grecia. Fue hermoso concebir semejante sinfonía universal, ciudades enteras… ¡unidas por la olla!

VI. Hombro con hombro

El primer fin de semana de protestas, la primera noche, fue una noche negra, cruel. La gente huía despavorida, la confusión reinante, la policía atacando con todo. Pero al día siguiente, aunque muchos no habían pegado un ojo, aunque muchos se recuperaban todavía de los efectos del gas, los manifestantes se convocaron otra vez en la plaza para una limpieza colectiva, todos juntos. Desde entonces se consolidó la llamada “Familia del Gezi Park”, que allí permaneció hasta ayer cuando fueron atacados por la policía.

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En el Gezi Park vi conciertos, exposiciones, una biblioteca-librería colectiva con ejemplares gratis o muy baratos, vi familias enteras, juntas, compartiendo un té con sus vecinos de la tienda de al lado. Vi a miles de personas gritando a coro por la unidad, la justicia, la libertad. Vi talleres infantiles con niños dibujando árboles y un mundo ideal sin gas pimienta. Secciones de yoga. Carteles simpáticos, innumerables “Çapulcu Palas” en donde alguien descansaba, tocaba una guitarra, leía un libro. Mesas con agua y comida recopiladas por todos y para todos. Vendedores ambulantes de sandías y pepinos que consumimos como exquisitos manjares. Puestos médicos, improvisados “Museos de la Revolución”, memoriales a las primeras víctimas que se ha cobrado la brutalidad desaforada de este gobierno.

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Descansando en el césped de Taksim, andando entre las barricadas, las personas se saludaban, cantaban, me brindaban, sin conocerme, cualquier cosa que estuvieran compartiendo, maní, semillas de girasol, frutos secos, agua, cerveza.

Aunque después del primer fin de semana la policía no volvió a entrar en Gezi Park, hasta ayer (y el martes, que gasearon Taksim), seguían los enfrentamientos en otras zonas de la ciudad lo que activó a toda una red de colaboradores que iban a los sitios a asistir a los más necesitados, entre ellos, adolescentes, jovencitas activas y solidarias, gente de todo tipo. Todo el mundo ayuda, todo el mundo coopera, todo el mundo se protege y se necesita.

Istanbul UnitedLos seguidores y conocedores del fútbol  podrán imaginarse la magnitud de este nuevo espíritu de unidad con la creación, desde el pasado 31 de Mayo, del llamado “Istanbul United”, una suerte de cofradía por la causa de los tres mayores rivales de la liga turca: el Galatasaray, el Fenerbahçe y el Beşiktaş, cuyos seguidores se detestan y pelean en tiempos de normalidad. Pues en estos días hemos visto a empedernidos “galatasareños”, “fenerbachianos” o “beşiktenses” (por decirlo de alguna manera) llevando junto a la camiseta de su equipo, un emblema o estandarte de sus contrincantes.

Pero aún más increíble ha sido, ver a kurdos y turcos hombro con hombro, compartiendo espacio en el Gezi Park, tienda de campaña contra tienda de campaña. Incluso los propios kemalistas, nacionalistas empedernidos, históricos represores del pueblo del Kurdistán, han sabido dejar a un lado sus prejuicios, sus odios añejos, para manifestarse juntos contra un gobierno que ya no discrimina contra quién apuntar sus cañones.  Algunos aseguran que vivir esta batalla, que ser apaleados y atacados de esta manera por la policía, ha hecho ver a muchos turcos lo que han vivido durante muchos años las familias kurdas. Se olvide después o no, esta revolucioncita ha dejado ya unas cuantas enseñanzas.

Gracias a los medios extranjeros, a las redes sociales, esta demostración que está dando el pueblo turco en muchas partes del país ha tenido eco fuera de él. Llegan mensajes de solidaridad, paradas, marchas, videos, imágenes en apoyo a la lucha que hoy están protagonizando hombres y mujeres de Turquía.

PIano en Taksim.jpgEl pasado jueves llegó a Taksim con su piano de cola el joven alemán Davide Martello, con la intención de apoyar y proteger a los manifestantes. Estuvo tocando allí para un público de miles durante 24 horas seguidas. La gente cantaba, algunos se sumaban a tocar una pieza. Yo lo vi al amanecer, quedaban pocos pero todavía tocaba rodeado de gente, que le traía algún bocado a cada rato y que le sostuvieron un techo improvisado cuando empezó la lluvia.

Muchas bondades y comprensiones afloran por estos días y son combatidas con gas y aguas corrosivas. En Taksim, en Gezi Park, en Estambul, he visto por primera vez a tantos turcos juntos siendo felices. Se están probando como “pueblo” y se han admirado de cuanto pueden crecerse a sí mismos. Pero eso, según el gobierno, es terrorismo… y no pretende permitirlo.

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Una respuesta a ¡SE FORMÓ EL CHAPULEO! (Parte III)

  1. teteti dijo:

    Otro excelente relato, me encantan tus trabajos, soy de tus seguidores, graciasss por tu información y tu tiempo.

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