Lo que nos deja Alfredo…

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Alfredo Guevara… un hombre que admiré desde pequeña, sin saber por qué y que admiré después de forma consciente, por sus obras.

Alfredo Guevara

A pesar de haber tenido un papel importantísimo en la Revolución, por ser un activo intelectual militante; fuera del ámbito cinematográfico o politólogo y sus estudiosos, no se sabe mucho de él en la Isla. Se le conoce por ser el Gran Padre del ICAIC y el Festival de Cine Latinoamericano -que ya es mucho-, por haber sido Embajador de Cuba en la UNESCO, por llevar siempre la chaqueta sobre los hombros y por su marcado arrastre de las erres. Se sabe también que fue gran amigo de Fidel y que, por el respeto que se le tenía y por su carácter y mente abierta, fue una muralla de hierro que protegió al ICAIC -primera institución cultural fundada por el nuevo gobierno revolucionario- de burocracias y censuras. Bajo la presidencia de Alfredo, ese otro Guevara, se rodaron clásicos del cine cubano como Memorias del Subdesarrollo o La Muerte de un Burócrata, nació el Grupo de Experimentación Sonora, que acogió e impulsó al Movimiento de la Nueva Trova Cubana y se revolucionó la gráfica cubana, con el cartel cinematográfico.

Pero Alfredo siempre tenía más. Nos aportó a todos. Tenía para todos… con esa sobriedad y lucidez que le caracterizaron. A nosotros, los periodistas, en especial a los mas jóvenes, a los que hoy estudian periodismo, nos dejó algunos retos, en la célebre conferencia que impartiera en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el 5 de mayo de 2010:

“Las cosas que vivimos en la vida cotidiana son demasiados duras, demasiado amargas, a veces nos lastiman tanto en la vida y en la vida de nuestras familias, y es lógico que se desarrollen ciertos rasgos de insensibilidad, de desesperación y de rechazo; que el lenguaje de la Revolución a veces resbala, no de la Revolución, sino de los personeros, voceros… bueno en nuestro terreno, en el terreno de la prensa, en el terreno de la televisión. No sé en la radio porque la oigo poco; me han dicho que es mejor. Ojalá que así sea. Pero lo cierto es que nuestra prensa es muy pobre, no es convincente y aun en los mejores casos como Juventud Rebelde, que empieza a mostrar una cierta transformación, tampoco logra golpear como yo quisiera que golpeara nuestra prensa. Pero eso no depende de falta de pasión o insensibilidad, depende de normas. Ustedes tienen una suerte enorme:
ser muy jóvenes, a ustedes les tocará, según se desarrolle la Revolución y se puedan dar algunos pasos que hay que dar para no perecer. Que hay que dar y que se darán, con voluntad o sin voluntad; yo creo que con voluntad.”

Pero como dije antes, Guevara siempre hablaba de todo, por eso, ese mismo día, un estudiante le preguntó por las nuevas tecnologías y su incersión en la sociedad cubana. Alfredo, de entonces 85 años le contestó:

“Es uno de los problemas más serios que tiene la vanguardia revolucionaria envejecida. En mi escala, yo soy uno de ellos. Igual que los oficiales guerrilleros campesinos no podían con
ciertas cosas, yo creo que nuestra generación, nuestro mundo, nuestra vanguardia, no acaba de comprender; no acaba de entrarle a la revolución tecnológica digital que se está produciendo en el mundo.

Cuando empezaron a surgir los blogs, lo dije, pero inútilmente -yo creo que ahora es que empiezan comprender lentamente-, “si surgen 4 blogs contra nosotros, vamos a ser 40 a favor, vamos a hacer 40 aquí 40 allá”. Vamos a llenar el ciberespacio de ideas, pero que no sean las mismas: la repetición es la muerte. Yo estoy creando un sitio digital que se está llamando Nuevo Cine Latinoamericano, que va a ser nuevo cine y todo lo que le dé su real gana; yo quisiera que fuera como un periódico: es un sueño.”

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