LA VERSIÓN POSITIVA O EL ALTRUISMO DE UN PEUGEOT

Cubanos miran incrédulos en agencia comercializadora el precio de los nuevos autos

Cubanos miran incrédulos en agencia comercializadora el precio de los nuevos carros (Foto de La Nación)

Tranquilos, no voy a hablar del precio de los carros. De eso se encarga ahora mismo el resto del planeta y como hemos visto, no es que haya precisamente un debate al respecto, ni siquiera ideas encontradas. Estamos todos de acuerdo y aún no podemos creerlo.

No me preocupa, más allá del evidente síntoma de demencia que revela, que un Peugeot del 2013 valga más de 260 mil pesos convertibles (en Cuba con más valor que el dólar americano). Yo y los míos somos de ese gran grupo al que las nuevas medidas todavía no han empezado a beneficiar (a excepción de la eliminación del permiso de salida).

Digamos que me da pena con varios amigos profesionales, a quienes mucho trabajo les costó conseguir su dichosa carta, tenerla, mimarla, sufrirla y que ahora se quedarán colgados de unos precios que andan por las nubes y a la velocidad de la luz.

Por mi parte, nunca he pensado tener un carro, básicamente porque no me lo puedo pagar y en general porque no me interesa.  Prefiero el apartamento en Manhattan, si me sitúo en el lugar de esa famosa Cucarachita Martina cuya interrogante ha conquistado Facebook por estos días.  No me gusta manejar, odio el tráfico y el daño ecológico me remordería la conciencia.  Así que la entrada en vigor de esta nueva ley de venta oficial de vehículos y con ella la develación de sus precios no ha hecho más que alegrarme.

Como buena joven cubana espero con convicción las nuevas medidas que me beneficien y creo que ha llegado el momento: ¡con lo recaudado (que asegura el texto de la ley se invertirá en transporte público) en dos o tres años de estos Peugeot-Ferrari adquiridos por los incógnitos millonarios cubanos se hace tranquilamente el Metro de La Habana, la autopista hasta Guantánamo y se compran trenes y guaguas nuevas para estos otros cubanos que no tenemos ni tendremos un carro jamás!

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