DE HÉROES, CORAZONES Y FUTURO…

Hemos tenido suerte. Vivimos en Villa Clara, dónde está uno de los mejores –sino el mejor- hospitales de cardiología del país, al igual que el team médico que en él trabaja.  Después de varias pruebas y dos infartos, a mi padre le dieron unos tres meses de vida si no se operaba cuanto antes.

cardiocentro de villa claraLa cirugía estaba programada para el martes 13 de enero, pero al jefe del equipo no le gustó la coincidencia nefasta de la fecha, con lo cual consideraron que mejor posponerla para el jueves 15. En la sala de preoperatorio contamos con un cubículo individual con baño independiente, ¡un lujo! Y a pesar de lo que estaba por venir, no paraban el entra y sale y las risas. Todos eran muy positivos. Contábamos las horas y contábamos chistes, casi al mismo tiempo.   

La conserje se mostró encantada de conocer a un “personaje” como mi padre –famoso locutor de radio- y se despidió tirando un beso y deseando mucha suerte, no sin antes haberse quejado un poco de lo dura que es la vida y lo ingrato de su trabajo. La señora encargada de toda la ropería, muy sonriente y cariñosa, con sus collares religiosos, le trajo la mejor colcha que tenía y la sábana menos manchada, aunque estériles todas.

El viejo tiene a su favor que es un personaje de la radio cubana. Eso y el estar casado con mi madre, que es otro personaje. Entre los dos, ganarían las elecciones en medio continente. Así que entre amigos y conocidos no paró el desfile de personas por el Cardiocentro de Villa Clara, mucho menos en la mañana del 15, cuando mi padre entró al salón.

el doctor lagomasino operandoLe acompañamos hasta la puerta. Entró caminando y se despidió de nosotros con ese tono entre fatalista e irónico que le caracteriza. Hasta el camillero hizo sus bromas. Fueron unas cuatro o cinco horas: largas, larguísimas. A eso de la una y tanto el propio cirujano se asomó por el balcón y nos hizo seña de subir, un gesto que dejó a todos con su propio corazón en un hilo; hasta que bajamos con las buenas noticias de que la intervención había sido exitosa.

Se armó tal algarabía en el patio que la gente venía a preguntarnos cuál era la novedad. Y unas horas más tarde, ya sabiendo que papi se encontraba estable en la sala de terapia intensiva postoperatoria, hicimos nuestro propio brindis con la bebida del enemigo, en donde no pude evitar besar las manos que le chapistearon el corazón a mi padre.

Una semana duró su recuperación hospitalaria; días de entrevistas, espera, pruebas, resultados, evoluciones. El viejo pasó por tres salas diferentes y enfermeros y médicos de todos los colores. No puedo quejarme de ninguno. Todos fueron profesionales y amigos. De cada parte médico me iba con la certeza de tener todo bajo control, de saber lo que estaba ocurriendo: una sensación que sólo he logrado con los médicos cubanos –sin excluir ni denigrar a ningún profesional de la medicina de otras latitudes-.

De tanto verles y admirarles en estos días, no paro de pensar en nuestros médicos, o en la idea en sí de dedicarse a salvar vidas, a mejorarlas, a recibirlas. Tiene que cambiarle a uno el sentido de las cosas. ¿Cómo piensan los médicos? ¿Están locos? ¿Están muertos de miedo? Pero si además de eso se es médico en Cuba, dónde definitivamente no es una profesión lucrativa y por el contrario, representa una serie de obstáculos y sacrificios; ya eso supera mi entendimiento. ¿Tendré que volver a creer en los héroes?

Frente al cubículo de preoperatorio de mi padre, una anciana cuidaba a su hijo de unos cuarenta años, que esperaba una cirugía de cambio de válvulas. Estos no eran personajes de la radio ni mucho menos, sino campesinos de un pueblucho recóndito de Ciego de Ávila que casi sin saberlo vinieron a parar a este hospital y que no tienen para comprar agua embotellada ni regalos a los médicos ni otra cosa que dar que su agradecimiento, que ya les cuesta bastante expresar de modo coherente. Ni esa familia, ni la mía, tenemos los más de 10 mil dólares que pueden costar estas operaciones en la India, por no hablar de los más de 70 mil que costaría en los Estados Unidos. Pero ni a mi padre, ni al hijo de la señora les ha faltado nada; en parte por los servicios del hospital y en parte por la ayuda de la gente.

Cuando pienso en la Cuba que está por venir -en la que nos toca construir-, cuando pienso en qué bueno sería que nuestros médicos pudiesen entrar a un salón de operaciones sin pensar en qué van a poner esta noche en el plato o que nuestros hospitales no tuviesen cucarachas ni sábanas manchadas, que funcionaran los equipos y que no hubiese un basurero en la puerta; pienso también en la Cuba de médicos-héroes, profesionales y amigos y en que nunca será una Cuba mejor si al guajiro del crucero y al locutor famoso no les tratan por igual y sus operaciones no cuestan más que su agradecimiento.

Ay, Cuba, ¡cuánto me dueles y cuánto me deslumbras!

medicos en zonas rurales

(Sin mencionar nombres, vaya todo mi agradecimiento para todos los médic@s, enfermer@s y trabajadores en general del Cardiocentro Ernesto Che Guevara, de Santa Clara, Cuba…)       
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2 respuestas a DE HÉROES, CORAZONES Y FUTURO…

  1. Dr Chuchi dijo:

    Gretel, con cuanta emocion he leido tu comentario, cuan profundo y sentido, denota tu talento, cubania y denota de quien eres hija……atender a tu padre, o al guajirito” de Ciego, como atender a los mas de 8000 operados entre tantos otros sometidos a otros procedimientos intervencionistas en estos casi 30 años de labora no es un merito nuestro, sino de nustro pais, de nuestro humilde pueblo que nos compromete a ser mejores cada dia, salvar la vida de alguien como tu padre que sabiamos dificil y verlo caminar como hoy en la mañana feliz…es algo que no tiene comparacion, es nuestro coraozn el que se siente revascularizado” por tanta alegria.
    Gracias por darnos la oportunidad de ser parte de esta familia que es un gigante heart team” del cardiocentro Ernesto Guevara, los queremos.

  2. Alejandro Diaz de Leon dijo:

    Yo tambien soy el resultados de esa labor tan profunda de los Medicos del cardiocentro Ernesto Guevara. Es que no puede llevar otro nombre que ese el del medico que lo dio todo por los hijos de America y se despidio sin pedir nada para el y su familia. Que honor tener en mi ciudad ese Hospital y dentro todo ese colectivo Moral que cada dia a pesar de las limitaciones mantienen la alegria en su rostro y una atencion esmerada. A ellos de mi parte tambien el reconocimiento.

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